Hasta hoy, me sigo preguntando, una y otra vez "¿Porque nos separamos?". Eramos la envidia, el orgullo de otros ojos. La pasión de estar siempre juntos, la ironía de las risas luego de las peleas, la precupacion por la tristeza del otro, y el logro de cada una de las sonrisas. Eramos la gracia de ser uno, dejando, dando, recibiendo todo. Eramos la perfección donde las pequeñas grietas se volvían invisibles. Eramos la persona que nos hacia falta. En fin, eramos.  Hoy, debajo de la resignación por no tenerte a mi lado, te despido, con una sonrisa, con un llanto y "hasta siempre y buena suerte".